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El 24 de septiembre de 1812, en una jornada que quedó marcada en letras de oro en la historia de la libertad sudamericana, el general Manuel Belgrano triunfó en una batalla imposible contra del Ejército del Rey Español, comandado por el general Pío Tristán.

Un temible Ejército Realista, compuesto por 3.500 soldados profesionales, mandados por oficiales veteranos en las guerras napoleónicas, se enfrentó a una tropa novata, compuesta por 1700 hombres, en su mayoría milicianos gauchos comandados por un general sin experiencia ni formación militar, como era Belgrano.

Haciendo gala de un coraje y determinación inaudita, respaldados por el pueblo tucumano que se había atrincherado en la Plaza de la ciudad, enfrentaron con valor al enemigo.

Bajo la advocación de la Virgen de la Merced, la caballería gaucha logró sorprender a los realistas, a quienes quitaron los armamentos y bastimentos que llevaban en su vanguardia.

Mientras, los soldados de infantería se batían con valentía sufriendo muchas bajas, bajo el cañoneo constante de la artillería. El general Belgrano, quien se encontraba al frente de las acciones, ordenaba entre gritos mantener las posiciones.

Según la tradición, una tormenta de polvo vino a depositar en el centro del campo de combate una manga de langostas, que confundió al enemigo. Eso dio tiempo a las tropas patriotas a retroceder escalonadamente hasta la ciudad fortificada.

Al carecer de vituallas y reservas para sostener un sitio prolongado a la ciudad de San Miguel de Tucumán, Pío Tristán se vio obligado a retirarse rumbo a Salta, sellándose así el triunfo de las amas de la Patria.


Ese 24 de septiembre en Tucumán, se salvó la suerte de la Revolución Sudamericana.

Dr. José María Posse, miembro del Instituto Belgraniano de Tucumán. Director de Patrimonio Histórico y Cultural de la Municipalidad de Yerba Buena.

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